jueves, 13 de noviembre de 2008

El Señor X

Había prometido volver pero resulta que ni siquiera me terminé de ir. Tiré el palito con el que rasqué la mierda de perro de mis zapatos y me incorporé para continuar mi viaje, pero una mano sudorosa me tomó el brazo y me dijo no te vayas, vi lo que estabas haciendo, pero, ¿qué hice yo que llamó la atención de esa persona? ¿quién era ese extraño que me había estado espiando? ¿sería si acaso un inspector de la IMM que buscaba testigos para incriminar al quiosquero por esparcir mierda de perro en la vereda? 

¿Quién es usted? retruqué, podría haber sumado otra pregunta como ser ¿qué pretende usted de mi? pero hubiera sonado muy cursi y si acaso algo afrancesado. Con un ágil moviento de antebrazo, reflejo adquirido en la adolescencia, pude zafarme de la mano que me sostenía mientras preguntaba por su identidad. Soy un amigo, no tema contestó, pero, ¿por qué habría de temerle a una persona de unos 157cm de altura y de no más de 45kg de peso y que además vestía pantalón y camisa blanca y gorro de visera rojo? ¿Un amigo? ¿será un turista? ¿pero que haría un turista esquelético vistiendo tan raro y tan lejos de la playa? mil preguntas colisionaron entre si en tan solo un segundo, todas sin respuesta. 

Usted no es mi amigo, si lo fuera lo recordaría, jamás olvidé un rostro en mi vida. No lo conozco. A decir verdad no le dije eso, me hubiera gustado haberle contestado algo así, pero de nuevo, hubiera sido muy cursi y poco apropiado para la situación. ¿Lo conozco? eso fue lo que le contesté. No, no me conoce, pero el haberlo observado en los últimos minutos me hace creer que compartimos algo en común. Pero que carajo iba a tener en común con esa persona que nunca había visto en mi vida. 

Soy Alberto, le dije, impostando la voz para sonar creible y crear en él la necesidad de identificarse por su gracia. Mucho gusto Alberto, yo soy Xavier, con X respondió, mi propio señor X, no podía creerlo, no es para cualquiera tener su propio señor X,  y yo lo había conseguido sin proponermelo, indudablemente estaba en el momento justo en el lugar adecuado.

Vení Pocho, se te terminó el descanso!!! gritaron desde la esquina, desde un carrito de chorizos para ser más exactos. El señor X giró y también con un grito contestó Ya voy, ya voy, no ves que estoy ocupado. ¿Habrase visto un Xavier apodado Pocho? Pocho es mi apodo de incógnito susurró disipando así las dudas acerca de tan extraña combinación. Salgo a las 7, te espero acá mismo, no me falles agregó sosteniendo firmemente mi antebrazo con la misma mano sudorosa que había impedido mi partida momentos atrás, una gota gruesa de sudor surcó su frente denotando el esfuerzo que realizaba al estrujar mi brazo. A decir verdad no tenía mucha fuerza el señor X, no me apretó demasiado, pero lo que si doy fé es que usó toda su fuerza para sostenerme, la gota de sudor y el gesto adusto así lo demostraron. Luego partió hacia el carrito de chorizos con paso cansino y andar tambaleante, no le saqué la vista de encima sino hasta que atendió a un policía gordo que reclamaba con ímpetu que el señor X agregara más pickles a su recién elaborado choripán.

¿De qué se trataba todo esto? ¿Podría vencer mi curiosidad e ignorar el pedido del señor X de tener un nuevo encuentro a las 7 luego de terminada su jornada laboral en el carrito de chorizos? La duda me carcomía mientras miraba como una paloma picoteaba un pedazo de refuerzo de marsellés con salame y queso...



Disfruten de esta pieza mientras Beto trata de develar el misterio del Señor X


1 comentario:

Tito Borjas dijo...

Para mi que el sujeto ese era este:

http://www.mrxswebpage.com